INTERPRETACIÓN PSICOSOMÁTICA DE LA ENFERMEDAD

INTERPRETACIÓN  PSICOSOMÁTICA DE LA  ENFERMEDAD

Desde antiguo se viene observando la relación entre la enfermedad y el estado mental o emocional de la persona. La medicina psicosomática indagó en ello durante gran parte del siglo XX pero acabó cediendo frente a la especialización, la cual desintegró al individuo en sus
distintas “piezas”. En el siglo XXI, la Neurociencia ha evidenciado la imposibilidad de separar la mente y el cuerpo, poniendo de manifiesto la incongruencia de tratarlos por separado. Existen ya enfoques que proporcionan una base sólida para interpretar la enfermedad de una manera global, en la que el organismo responde a cada situación con mecanismos mentales y fisiológicos mediados por el sistema nervioso. Las emociones son la clave para llevar a cabo esta interpretación.

José María Elía Fonseca, arquitecto y paciente activo en la búsqueda y aplicación de conocimientos relacionados con la salud en sus diferentes acepciones nos expuso en la jornada que E-mocionado presentó el 10 de mayo, «Interpretación Psicosomática de la enfermedad», el conocimiento que viene siendo estudiado y aplicado desde hace décadas en el que se relacionan cada uno de los síntomas o enfermedades con vivencias emocionales concretas. Seguimos teniendo poca consciencia de las emociones que experimentamos a diario y la consecuencia de ello es el padecimiento de multitud de síntomas físicos.

En base a este conocimiento se ha desarrollado una metodología que nos permite localizar, partiendo de un síntoma, la vivencia o situación que desencadenó la respuesta fisiológica inducida por la emoción que surgió en aquel instante. Dicha emoción sería la respuesta del organismo ante la interpretación que él mismo hace de lo que está pasando.  Por lo que es importante conocer lo que somos y cómo funcionamos para comprender lo que nos pasa y poder ponerle remedio.

El enfoque es fundamentalmente biológico: el ser humano es un organismo en constante adaptación a su medio, como cualquier otro ser vivo, pero con la característica especial de que su prodigiosa mente puede crear dimensiones culturales y simbólicas a las que también tendrá que adaptarse. De esta manera, a los conflictos básicos de supervivencia se añaden toda una serie de conflictos de relación frente a los que el organismo responde con mecanismos biológicos evolucionados durante millones de años.

Así, que si frente a un conflicto en nuestra vida no damos una solución coherente con lo que estamos sintiendo, se adoptarán respuestas fisiológicas de adaptación que, de dilatarse en el tiempo, darán lugar a lo que conocemos como enfermedades.

Según este método, cuando tomamos consciencia de qué situación desencadenó esa respuesta orgánica y qué emociones o sentimientos estaban presentes, es posible revertir los mecanismos que habían producido el síntoma físico, pues ya no sería necesaria esa respuesta de adaptación.

La principal fuente de conocimiento sobre el ser humano está surgiendo de la Neurociencia, según la cual no es posible desvincular cuerpo y mente, psicología y fisiología. Los descubrimientos en este campo científico refuerzan las observaciones clínicas de otras disciplinas que proponen que toda enfermedad es psicosomática puesto que somos un organismo psicosomático que responde de forma unitaria y global a su entorno. Y sin embargo poco o nada de ello está siendo aplicado en la medicina que se nos aplica.

Como propuesta final se expuso la necesidad de completar la labor médica con una mirada hacia nuestros sentimientos, un análisis personal de cómo nos está afectando lo que ocurre en nuestra vida que permita integrar nuestras distintas partes en un todo coherente que responda a la situación con la misma coherencia. Está demostrado que eso nos conduce hacia el bienestar y la salud.

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